16

marzo

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El Cid

by Alberto González Vázquez

Me encanta el tren.
Voy sentado junto a la puerta del vagón. Una pareja de adolescentes se besa. No tienen futuro. Tienen acné. El chico junta la palma de su mano con la de la chica y dice:
-Esto no es una mano, es una carpa.
El tren se para. Un señor con un libro enorme se sienta frente a mí y empieza a leer.
“El Cid”.
-Esto no es una mano, es una carpa.
El señor que lee “El Cid” queda repentinamente catatónico. Tiene la vista clavada en el infinito. Pienso: qué cojones ha podido LEER este hombre que le ha conducido a ese estado. El chico sigue comparando su mano con la de la chica mientras con la otra intenta pellizcarle el culo. La chica le separa. Le besa. El hombre sigue leyendo. El chico dice:
-Esto no es una mano, es una carpa.
El chico sujeta la mano de la chica. Con la otra mano pellizca su nariz. El hombre ha vuelto a quedar catatónico. Q-q-qué clase de REVELACIONES puede encerrar “EL CID”. Los chicos están más tranquilos.
-Esto no es una mano, es una carpa.
La chica se ríe. La mano de él no es mucho más grande que la de ella. El señor tiene la vista clavada en mí

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