18

noviembre

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Le vi el culo

by Alberto González Vázquez

Ese culogordo, ese MARICONAZO de Jonathan es incapaz de aguantar el ritmo de una mujer en un kart a pedales. Qué vergüenza. Nos han engañado: el transexual de la casa era él. El otro día le vi el culo, lo juro, se estaba poniendo o quitando unos pantalones mientras hablaba con alguien. He olvidado los detalles porque sólo podía concentrarme en ese culo. Se quedó ahí de pie, desnudo sólo de cintura hacia abajo, de espaldas a la cámara, enseñándole la longaniza a su interlocutor. Enseñándome el CULO. Me cago en la puta, daba gusto ver pedalear a Conrad en la pista de karts, leyendo nuestros pensamientos, haciendo exactamente lo que había que hacer: acelerar y adelantar, acelerar y adelantar. Eso era todo lo que había que hacer, panda de maricones.
Ayer me ofrecieron tomar parte en el jurado de un festival. Acepté, naturalmente. Para mí no supone un dilema moral, ADORO juzgar. Adoro la estadística. De pequeño elaboraba clasificaciones de mis canciones favoritas con una precisión centesimal. No me asusta juzgar. Me asustan los jueces. Los otros. Su criterio pusilánime y confuso. Eso sí me da miedo.
También descubrí en el diccionario la palabra “loquesco”, que significa “alocado” y también “gracioso”. Borja y yo nos hemos propuesto extender su uso y ya la empleamos con bastante naturalidad. Bueno, probablemente nos hace demasiada gracia todavía. Si algún día llegamos a emplearla al margen de sus connotaciones, digamos, humorísticas lo habremos conseguido.
Luego me emborraché, sí. Estábamos cenando en el Carajillo y empezó a llamar gente que también quería beber. Daniel estaba bebiendo solo en su casa. Y beber solo está bien, joder, pero beber acompañado es formidable. Así que estábamos allí todos con ganas de mamar. Carla estaba por ahí, contándole a alguien su último naufragio laboral, y cuando entró en el comedor ya tenía un mojito en la mano. Era tan reconfortante. Después llamó Nacho, le habían dado una mala noticia, la tercera del día, y me dijo: “No sé si emborracharme o meterme debajo de la cama”. Y al cabo de un rato apareció allí con una pléyade de jóvenes actores. Y después nos fuimos a casa. A mí los porros no…

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