09

octubre

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Lenin

by Alberto González Vázquez

En aquellos tiempos nos faltaba valor, amiga mía. Recuerdo haber comentado Azul de Kieslowski a la salida del cine.
—Está bien, ¿eh?
—Está MUY bien.
Recuerdo haber comentado The Player.
—Está bien, ¿eh?
—Está MUY bien.
Recuerdo haber comentado las películas de Hal Hartley.
—Bien, ¿eh?
—MUY bien.
Recuerdo haber comentado Vania en la calle 42 de Louis Malle.
—Está bien, ¿eh?
No estaba bien, no. Era el infierno. Quería matar a Louis Malle. Quería hacerme unos pantalones con su pellejo. Enfermó poco después y pensé: “MUERE, MUERE, MUERE”. A la mierda el tío Vania, a la mierda Atlantic City y a la mierda el puto crepúsculo de Burt Lancaster: ¡MUERE!
Pero nos faltaba valor, amiga mía. Vivíamos acongojados en la dictadura de la CRÍTICA. Nos habíamos convencido de que en aquellos párrafos indescifrables se escondía la VERDAD.
Recuerdo haber comentado La mirada de Ulises.
—Está bien, ¿eh?
—¿QUÉ?
—La secuencia de la cabeza de Lenin es IMPRESIONANTE.
—¿QUÉ?
La secuencia de la cabeza de Lenin me hizo comprender el significado de la palabra agonía. Tuve pesadillas con ese puto cabezón durante años. La cabeza permanecía inmóvil en el agua y yo estaba condenado a contemplarla por toda la eternidad. Después entendí que no era la cabeza de Lenin: era la de Ángel Fernández Santos. Cuando comprendimos esto echó a correr río abajo. Y se perdió en el mar

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